Extraña especie
(…)
Me atrevo a coger lo que ellos llaman “metro”. Tras introducir mi billete y descender varios metros bajo tierra en unas escaleras mecánicas que parecen transportar al mismo centro de la tierra, espero en el andén hasta que llegue a la estación el tren que me llevará de vuelta a casa.
Pasan los minutos y el ambiente lo llena un silencio ensordecedor. Silencio entre ellos, pues nadie habla con nadie salvo raras excepciones. Y ensordecedor porque el silencio lo provoca el aislamiento voluntario al que se entregan. La mayoría de los viajeros (sobretodo los jóvenes) llevan unos auriculares en sus orejas para evitar escuchar las conversaciones entre los demás… conversaciones que tristemente no existen.
Una vez dentro del metro, el sonido que emiten sus audífonos resuena y llena los vagones, pero a nadie parece importarle, ya que cada uno lleva su propia música, cada uno viaja en un vagón diferente. También los hay que llevan un aparato más grande en una sola oreja. Ellos lo llaman teléfono móvil y uno de mis profesores afirma que ese l invento más nefasto de la historia de la humanidad (por detrás del motor de explosión, se apresura siempre a recordarnos).
Mediante este móvil, ellos pueden hablar con cualquier otro ser de su especie que también tenga uno de estos. Entonces hablan durante largos minutos para amenizar su trayecto y sin preocuparse de que al compañero de viaje que tengan sentado al lado le importe “un pimiento” (como dicen ellos) sus inútiles conversaciones sobre vanidades.
Claro, pienso, al de al lado no le molesta una señora que esté a voz en grito “comiéndole la oreja” (otra de sus expresiones) porque la víctima, que no la hay, está sumida en su propio mundo de decibelios.
Durante el trayecto se miran unos a otros, pero lo hacen de manera disimulada. Tan solo los niños, con su inocencia innata y su afán por descubrir el mundo, abren bien los ojos para observar detenidamente la apariencia del resto de los pasajeros. Entra un joven de físico imponente, y uno de los pequeños queda boquiabierto y, sin ganas de ofender, tira de la manga de su madre para centrar su atención sobre tan peculiar personaje. La madre se apresura a reprimir al niño por su mala acción. “No te quedes mirando” o “No señales” son sus frases favoritas para dar a entender a sus hijos que el receptor de sus dulces miradas puede sentirse incómodo u ofendido… me hace gracia.
Al parecer, los mayores quieren educar a los menores y casi culparles por su viveza. ¿Cómo va a saber un niño de entre 5 y 7 años que en el mundo en el que vive reina una ética que obliga a los individuos a ser normales y a discriminar a aquellos que se salen de determinadas cotas?, ¿cómo va a saber que ser excesivamente alto, gordo, flaco o bajo, calvo o melenudo significa no ser normal y, por tanto, imperfecto? Cuando el niño crezca y se haga mayor mantendrá está doctrina vigente inculcando a sus hijos estos valores de competitividad y aversión a lo diferente. Unos valores que oprimen y provocan sentimientos de malestar y una sobrevaloración de la imagen. De esta manera se cierra el círculo, y víctimas y agresores conviven en un ambiente que a nadie conviene, pero que a nadie parece importar. Es triste, pues aunque cada uno de ellos viaja en un vagón distinto (tratando de aislarse del resto), todos se dirigen hacia un mismo destino, y ese es un problema que prefieren evitar.
Ese cenci!Muy bueno el post. Sigue así.
Cenci: lo que puede hacer y decir un escritor en un “simple” viaje de metro… Mi entera admiración( me gusto mucho lo que dices del celular)
Un saludo desde el norte del sur de América, México
El tema que tratas me recuerda a un libro que estoy leyendo, Summerhill, que trata sobre la educación de niños libres y tolerantes, sin prejuicios y cuyo único objetivo sea VIVIR, y lo pongo con mayúsculas para dotarlo de todo el sentido que debería tener, que es el de aprovechar cada segundo de vida disfrutándolo al máximo.
Y por lo del metro… bueno, yo tengo un afán especial por los trenes, metros… (afán o manía, no sé cómo llamarlo^^’) y me encanta subirme en uno de ellos porque siempre me vienen pensamientos nuevos. Y esto lo he pensado muchas veces… me pregunto por qué viajamos todos como si nos odiásemos cuando no nos conocemos de nada… Pero soy la primera que le tiene tanta manía al Mundo y a la Humanidad que me encierro en mis pensamientos y oculto mi mirada, no vaya a ser que me la roben…
Bueno, ni que decir tengo que me ha gustado mucho jeje
marieta