Sunday, August 10, 2008

No tienes ni idea

No tienes ni idea

De cuánto te eché de menos

En los fríos veranos,

En los calurosos inviernos.

 

No tienes ni idea

De cuántas lágrimas he vertido.

En cada lágrima un recuerdo,

Un recuerdo contigo.

 

No tienes ni idea

De cuántas noches te he buscado

En un cielo sonriente

O entre las sombras de mi cuarto.

 

No tienes ni idea

De cuántas veces te he retratado

En poemas aún no escritos

Entre versos despeinados.

 

No tienes ni idea

De cuántas veces te he gritado

En el eco de una libreta

Con los ojos y el corazón cerrados.

 

No tienes ni idea

De cuantísimo te quiero

Que por un beso tuyo

Dejaría este verso suelto.

 

No tienes ni idea

De cuántas dudas tengo.

Que ni siquiera sé si rezo

A una persona o a un recuerdo.

 

No tienes ni idea

De cuánto te echo de menos.

Que me duele recordar

Que olvidé olvidar tu recuerdo.

 

Posted by cenci6 at 17:34:56 | Permalink | Comments (2)

Thursday, June 12, 2008

La carta

Él llevaba horas esperándola. Deseaba hablar con ella. Necesitaba hablar con ella. Tenía que decírselo antes de que fuera irremediablemente tarde. De pronto, se produjo el milagro y ella apareció. Dobló la esquina con toda naturalidad mientras su pelo moreno ondeaba al son que marcaban unas piernas musculadas y jóvenes. El joven se hizo el sorprendido y le saludó en un vano intento de aparentar tranquilidad. Comenzaron a hablar. Al principio él se mostró nervioso e incluso torpe, era consciente de lo que estaba en juego y además no sabía muy bien cómo decírselo. Pero ella despedía una magia que le tranquilizó. Eso era lo que más valoraba de estar junto a ella: cómo le hacía sentir. Ella disipaba todas sus penas y tristezas a golpe de sonrisas; pero no era una sonrisa cualquiera: la suya era la sonrisa más pura y sincera que ningún ser humano pueda mostrar. Una sonrisa suya lo cambiaba todo. El joven estaba tremendamente enamorado de ella, de cada uno de sus gestos y palabras. Palabras que, en boca de otros, carecían de valor, pero ella… Ella era perfecta.

Entre chistes y bromas pasó el tiempo, ninguno de los dos era consciente de cuánto tiempo llevaban hablando, pero sabían que lo estaban disfrutando. Tenían que preparar los exámenes finales, se estaban jugando mucho, pero estaban disfrutando como nunca compartiendo aquellos momentos de confianza, compartiendo pequeños secretos y aficiones, descubriendo que tenían más cosas en común de las que pensaban. Disfrutaban compartiendo sus vidas. Pero el tiempo, cruel elemento, continuó firme su paso y no respetó a un joven enamorado en la difícil empresa de demostrar un amor sin fronteras, sin comienzo ni fin. Pero él era un chico inteligente y sabía a qué se enfrentaba, sabía que debía darse prisa para vencerle. Debía apresurarse para conseguir lo que todos sus héroes habían logrado: derrotar al tiempo…

Sin saber muy bien porqué, ni qué iba a escribir, se arrojó con valentía al abismo de un folio en blanco. Allí comenzó a depositar sus sentimientos, sus esperanzas. Quería agradecerle todo lo que ella –quizás sin saberlo- había hecho por él. Rescatándole de las garras de la tristeza en multitud de ocasiones y proporcionándole fuerzas para caminar por un terreno pedregoso cuyo destino desconocía…
Comenzó por verter palabras de agradecimiento y recordarle tantos gestos, a priori carentes de valor, que ella había olvidado y que para él habían sido de vital importancia. Era el momento de confesar sus errores, todos los fallos que, con la ciega esperanza de causarle una grata impresión, le habían convertido en un bocazas, en un “graciosillo” y le habían privado de momentos inolvidables junto a ella. Se sentía decepcionado y enfadado consigo mismo, con su actitud. Pero estaba dispuesto a cambiar, tenía que hacerlo, se lo debía.
Era consciente de que había hecho un mal uso de su sentido del humor, de que había realizado comentarios hirientes y quería disculparse -tarea poco común en nuestro protagonista-. Esta era su última oportunidad. Su último cartucho. Se había guardado un as en la manga y este era el momento de utilizarlo.

También pretendía explicar los confusos sentimientos que albergaba su interior -esta era de largo la tarea más difícil de todas-. Quería decirle que era perfecta, que si por él fuera detendría el tiempo para pasar una eternidad junto a ella por el mero placer de verla sonreír.Que estaría siempre a su lado, que nada ni nadie les separaría… Eran tantas esperanzas, tantos sueños, que se sentía incapaz de relatarlos todos a la vez. Así que dejó de escribir y se dispuso a cerrar el sobre antes de que pudiera cambiar de opinión, echarse atrás y destruir parte de su alma depositada cuidadosamente en un papel con un destino incierto

El sobre permaneció cerrado días enteros, largas semanas, meses incluso. Sufrió en silencio el frío invierno recluido en el fondo de un cajón, y en un pequeño bolsillo de la mochila del joven, iba día tras día al colegio, preguntándose quién podía ser esa persona hacia la que el joven había vertido esas palabras de amor tan sincero.

Él tenía el privilegio de vivir a escasos dos minutos de la casa de su amada y ,por tanto, podía acompañarla a la salida del colegio y, ¿quién sabe?, quizás hasta desprenderse de aquel folio que gritaba desesperado con la intención de volver a ver la luz y entregar el mensaje que le había sido confiado.
Pero la timidez y cobardía del joven le atenazaban, se sentía incapaz de hacerlo, no podía esquivar los ojos de su amada que le interrogaban con una mirada fría. Ella sabía que escondía algo, pero no podía saber qué.

Y así pasaron los meses, con dudas merodeando la cabeza del joven y el tiempo, impasible, acortando los días que le separaban de una despedida quizás eterna.

Pero por fin había llegado el día, estaban los dos hablando cuando de pronto el joven se confesó. Le dijo que tenía algo para ella y que debía dárselo porque sino iba a enloquecer (más si cabe – pensaba él -). Ella era una persona bondadosa como pocas, de las que disfrutan ayudando a los demás y accedió a ayudarle a él también.

Quedaron para dar un paseo horas más tarde y visitar a una amiga que se hallaba alicaída. Llamaron al timbre y a la chica le sorprendió ver a aquella pareja bajo su portal. Los tres amigos estuvieron hablando durante horas, compartiendo sus dudas sobre los diferentes futuros que les esperaban y las carreras que iban a cursar. Ninguno tenía nada claro –triste alivio de nuestro protagonista no ser el único con dudas-.

Nada estaba seguro en la cabeza del joven. Llevaba mucho tiempo esperando ese momento, soñando día y noche con poder decirle lo que sentía o creía sentir. Ese momento había llegado. Se despidieron de su amiga e iniciaron el camino de vuelta a casa. Él andaba despacio adrede, abandonó sus largas zancadas por otras más pequeñas para alargar al máximo aquellos momentos. Sacando el mayor partido posible a cada minuto, cada segundo, cada instante junto a ella que jamás olvidaría. Quizás los últimos momentos que compartirían…

Finalmente, llegaron a su portal. Aquella era su frontera, nunca la había traspasado y aquella noche se sentía con más fuerza que nunca. Ella rompió el silencio y le advirtió que era el momento. No sabría decir quién de los dos estaba más nervioso. Ella ignoraba lo que iba a recibir. Él era incapaz de imaginar su reacción. Apartó la mochila de su espalda y abrió, con una mezcla de ternura y miedo, la cremallera que la contenía. La sacó a la luz y se la entregó a quien desde hacía meses le pertenecía. Se la entregó acompañada de unas palabras de exculpación:

- Día tras día, acompañándote a casa y despidiéndonos en el portal. Me gritaba desde la mochila, en las noches me atormentaba desde el cajón de mi estudio y ahora es tuya. Aquí tienes – pronunció mientras se la otorgaba-.


Los dos jóvenes se miraron esperando una reacción cada uno en el otro, gozando de un silencio que lo dijo todo. Él tuvo el placer de contemplar el brillo de sus ojos, ella acababa de recibir un regalo de incalculable valor. Se lo agradeció mucho, le dijo que admiraba su forma de ser y aquello hizo que valiera la pena estar despierto todas las noches del curso pensando en ella y en la dichosa carta. Continuaron mirándose durante un tiempo que pareció eterno y, finalmente y sin mediar palabra, se fundieron en un cálido abrazo que perdurará por siempre en sus corazones.

Posted by cenci6 at 16:29:12 | Permalink | Comments (7)

Thursday, February 21, 2008

Feliz si eres feliz. Triste por egoismo

La vi y recordé aquellos tiempos de primavera, de noches bien iluminadas y cálidos inviernos. La vi y me pareció escuchar latir nuevamente a mi corazón. Tímidos latidos reprimidos por mi orgullo. No quería que me viera nervioso, no quería pasar el rato mirando al suelo, no quería que mi boca escupiera palabras que no hubieran sido escrupulosamente estudiadas, no quería…

¡¿No quería qué?! Era completamente normal, una situación que no debía presentarse difícil, a fin de cuentas ya no la amaba. Ya no pasaba las tardes enteras pensando en ella, tratando de recordar su fragancia y dejando que la tranquilidad me guiara. Ya no me levantaba por las mañanas pensando en que, por fin, largas horas después iba a verla de nuevo. Ya no andaba por la calle con los ojos y el corazón abiertos, esperando distinguir su cabellera marrón ondear al son del viento. Ya no miraba mi imagen con ansiedad reflejada en los cristales de los portales tratando de prepararme para el deseado encuentro. Ya no empleaba los sábados en recordar los viernes, ni los domingos esperando los lunes. Definitivamente, ya no era como antes… ¡Nada era como antes! Pero, sin embargo, sucedió.

La vi y ella mi vio. Le hablé y ella me habló. Le saludé y ella me saludó. Le pregunté y ella me preguntó… Cruzamos palabras con la misma prisa con la que cruzábamos las calles, acercándonos a la despedida. En una pelea interna, yo intentaba hablar poco y al mismo tiempo decir mucho para resultar interesante. Evitar chistes malos, palabrotas y comentarios fuera de lugar. Intentaba mostrarme sereno, tranquilo, ajeno a la sublevación de sentimientos que acontecía en la nación de mi alma… Ella, a mi derecha, a dos palmos de mis ojos; con una leve sonrisa que iluminaba el paisaje. Yo, con torpes zancadas, tratando inútilmente de alejar mis ojos del suelo, pero negándome en rotundo a posarlos sobre los suyos; sabiendo que mirarla equivaldría a tener sed y beber agua salada…

Me hablaba y parecía encontrar en cada palabra que salía de su boca, JODER!! No puedo acabar la frase… El cabrón del vecino de arriba está haciendo obras y ha mandado a paseo cualquier metáfora posible. Ya no sé qué decir ni cómo terminar, pero bueno. La cuestión es que volví a tenerla delante, mejor dicho a mi derecha. No hacía mucho tiempo había recapacitado sobre mi situación. ¿El hecho de mostrarme algo nervioso con su presencia quiere decir que me guste?, ¿el hecho de que me agrade quiere decir que esté enamorado?, ¿el hecho de que en su día lo estuviera quiere decir que todavía lo esté, años después?… ¿Tiene cura, doctor?

Debo reconocer que en cierto modo echo de menos todo aquello. Echo de menos ponerme guapo (dentro de mis limitaciones) cuando salgo a la calle. El frasco de colonia, regalo de las navidades pasadas, me observa enojado cuando me visto para salir a la calle y salgo de la habitación sin hacer uso de sus servicios. Mi libreta chilla cuando vierto en sus folios las lágrimas de un bolígrafo que traduce mis confusos sentimientos. El estuche parece un cementerio, en él guardo infinidad de bolígrafos (no hagan caso, es una hipérbole que emplea el autor para que parezca que es un escritor prolífico… nada más lejos de la realidad) que perecieron sirviendo a propósitos oscuros, dando vida a críticas sin sentido, a miserables relatos… Sí, debo reconocer que echo en falta aquella frenética actividad emocional. Echo en falta rogar a Dios que me deje verla, aunque sea de lejos, porque mi corazón ya se encargará de completar su figura. Echo en falta el suspense de cada esquina que va a ser doblada con la esperanza de encontrar tus ojos…

Pero me pregunto si lo que echo de menos es el sentimiento y lo que conlleva o a la persona en sí y su presencia…

Pasaron los años y nuestros caminos se bifurcaron. Arranqué meses del calendario en los que, por primera vez en mucho tiempo, no aparecías. Deslicé trocitos de mi alma entre versos enamorados que perecieron en el olvido. Pensé que te habías ido para siempre y que llevarías contigo mi amor. Te entregué mi corazón en un papel, pues sólo contigo latía con fuerza. Pasé todo este tiempo sin risas ni lágrimas, sin luces ni oscuridad, sin miedos ni valentías… Dejé de vivir cuando te fuiste sin despedirte y desde entonces lucho por sobrevivir.

Y ahora vuelves sin quererlo y traes contigo un sentimiento olvidado. ¡Corre mujer, huye de mi vida! ¡Sal de mi cabeza! Escapa de una vida en la que nunca entraste. ¿Por qué vuelves si no te fuiste? ¿Por qué pretendes engendrar amor en tierras áridas? No me ofrezcas un sentimiento de amor que odio. Dime que es culpa mía, que soy yo quien va y quien vuelve, quien nace y muere. Prométeme que no volverás a sonreír, no delante mía. Júrame que no abrirás la caja fuerte de mi alma para verter sal en la herida. ¡Convénceme!, dime que estás en silencio. Que mis gritos susurrados jamás llegaron a tus tímpanos… ¡Aléjate de mí!, te ame o no te ame aún te aprecio. Y no quiero enredarte en la lucidez de este joven necio.

Yo seguiré escribiendo,

Iluminando con versos este abismo.

Feliz si eres feliz,

Triste por egoísmo.

Posted by cenci6 at 19:27:05 | Permalink | Comments (10)

Sunday, June 3, 2007

Quisiera escribirte

 

Quiero odiarte, pero no puedo.

Quiero llorar, pero lloro por dentro.

Quiero tenerte delante y poder serte sincero.

Quiero escribirte, y es lo que he hecho.

 

Y, de pronto, tenerte delante.

Admirar tu belleza.

Dar gracias a Dios por volver a ver esa sonrisa.

Querer parar el tiempo e impregnarme de tu brisa.

 

Hablar durante un tiempo

Interesarse por el otro.

Hablar de los amigos,

los estudios, sentimientos.

 

Y nervios…

Nervios sobretodo.

No saber donde mirar, y mirarme los zapatos.

Volver a tenerte se convierte en un mal rato.

 

Estoy triste, no sonrío.

Tus ojos están vacíos.

¿A dónde marchó su brillo?

¿por qué nada es lo mismo?

 

Quisiera odiarte, pero no puedo.

Quisiera llorar, pero lloro por dentro.

Quisiera tenerte delante y poder serte sincero.

Quisiera escribirte, y eso es lo que he hecho

 

Porque ya nada es lo mismo

retomo mi camino.

Y tú sigues el tuyo

como dos desconocidos

 

Acompaño mis pasos

de música en mis cascos.

Intento sacarte de mi cabeza…

Tonto intento en vano.

 

Intento entender

porqué siento lo que siento,

porqué sigo enfermo…

tonto intento en vano.

 

Me siento dolido

al no encontrar respuestas

que me indiquen porqué te amo…

tonto intento en vano.

 

Me siento vacío

al no saber cómo definirlo ni llamarlo.

¿AMOR?

Otro invento raro…

Quisiera odiarte, pero no puedo.

Quisiera llorar, pero lloro por dentro.

Quisiera tenerte delante y poder serte sincero.

Quisiera escribirte, es lo único que puedo…

 

 

Posted by cenci6 at 20:36:09 | Permalink | Comments (2)